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martes, 4 de octubre de 2016

EL PLEBISCITO SOBRE EL ACUERDO DE PAZ EN COLOMBIA NO ES REPRESENTATIVO, NI DEMOCRÁTICO, Y DEBERÍA CUESTIONARSE

 
Observando los datos recogidos tras el plebiscito sobre el Acuerdo de Paz en Colombia del pasado domingo, la primera conclusión que se extrae de su análisis, es que la legitimidad de esa consulta debería ser cuestionada muy profundamente. Es cierto que las leyes en Colombia, como en cualquier "democracia liberal" o "representativa" occidental, no dicen nada respecto al nivel de participación que debiera exigirse para que un proceso electoral o consulta de cualquier tipo sea considerado como legítimo. Esto es algo inexplicable, porque no parece lógico ni muy democrático que una minoría de la población decida sobre asuntos que afectan directamente al conjunto del país. Y mucho más cuando esa exclusión y desafección social es provocada por el sistema impuesto por las clases dominantes. En el caso de Colombia sólo un 38% de los ciudadanos acudieron a votar el pasado domingo. Es decir, hubo un 62% de abstención.
 
¿Nadie se pregunta el por qué de esta desafección política? ¿Nadie cuestiona la legitimidad de este resultado y de otros procesos electorales similares totalmente impopulares? ¿Nadie cuestiona el actual régimen político totalmente excluyente de Colombia y de otras "democracias liberales" al estilo occidental? 
 
Fue tan baja la participación y tan pequeña la diferencia entre el NO y el SI (apenas 60.000 votos), que ninguno de los dos bloques enfrentados tiene motivos para la euforia ni para el desánimo más absoluto. Es posible cualquier interpretación y su contraria. A nadie se le escapa que un proceso tan complejo como el reflejado en el Acuerdo de Paz firmado entre el Estado y las FARC-EP necesita de mucha pedagogía política para ser digerido y bien interpretado por un pueblo que sufre las consecuencias del conflicto armado desde hace 50 años y que está expuesto diariamente a la manipulación mediática más absoluta (como lo estamos también aquí en España). Pero parece que hubo precipitación, sin tiempo para poder emprender una potente campaña explicativa. También hubo un exceso de confianza entre los defensores del SI, motivado sin duda por los datos favorables reflejados en las encuestas. Por cierto, ¿fallaron las encuestas o por el contrario esa unanimidad mostrada a favor del Acuerdo de Paz buscaba lograr un efecto desmovilizador del SI entre los ciudadanos? Eso nunca lo sabremos y en realidad poco importa a estas alturas.
 
Sea como fuere, el hecho es que uno de cada tres colombianos no acudió a votar el pasado domingo 2 de octubre en el plebiscito convocado. Quizás este dato tenga algo que ver con que, casualmente, uno de cada tres colombianos viva en la más absoluta pobreza. O que a casi un 62% de los colombianos (justo el mismo porcentaje de abstención que hubo en el plebiscito) sus ingresos no les alcancen para llegar a fin de mes. Las élites políticas y empresariales en Colombia nunca pretendieron que el sistema fuera inclusivo, ni en lo político e institucional ni en lo económico y social. Al mismo tiempo que los datos macroeconómicos señalan el crecimiento de la economía colombiana, algo celebrado por la prensa corporativa internacional y analistas neoliberales, nos encontramos con que sólo en los cinco primeros meses de 2016 más de 100 niños murieron por desnutrición en Colombia. ¿Resulta extraño que haya habido un 62% de abstención?
 
Estos datos, vistos en paralelo con lo que decía anteriormente sobre la falta de representatividad del sistema político, evidencian que en los regímenes neoliberales la situación, los intereses y la opinión de una minoría se imponen como una realidad "representativa" de toda una sociedad cuyas mayorías viven de espaldas a esa realidad artificialmente presentada. 
 
Una amplia mayoría de colombianos no participaron en un proceso que todos definían como histórico. Una mayoría del pueblo no participa de la vida política del país ni interviene en las decisiones trascendentales que le afectan directamente. Los motivos para explicarlo pueden ser diversos e interpretables, pero los datos objetivos son indiscutibles y demoledores. Sin participación popular no puede hablarse de "democracia". Sin un porcentaje de participación mayoritario no puede hablarse de "representatividad". Y este principio democrático es aplicable a todas las "democracias liberales" y "representativas", incluido España, donde presidentes con apenas un 30% de apoyo popular obtienen mayorías absolutas parlamentarias que les otorgan un enorme poder político e institucional.
 
Tras la "victoria" del NO al Acuerdo de Paz, pudimos ver y escuchar a través de los medios corporativos y las redes sociales a muchos ciudadanos celebrando en las calles de Colombia los resultados del plebiscito. Algunos de sus argumentos para votar por el NO eran que el proceso estaba "amañado" a favor a las FARC-EP, cuyos "crímenes" quedarían "impunes" y que, prácticamente, se apropiarían del país de la mano de sus socios "Castro-Chavistas". Otros llegaron a exclamar que "Maduro y los Castro deberían pedir perdón al pueblo colombiano" tras esta derrota en las urnas. Estas falacias llevaban el claro sello del corrupto y criminal expresidente Álvaro Uribe Vélez, el responsable de los "falsos positivos". Por supuesto que este tipo de acusaciones y sinsentidos se lanzan sin presentar ni señalar ninguna prueba o evidencia de ello, más allá del hecho geográfico de que el proceso de Paz se celebró y se firmó en La Habana.
 
Parece que quienes lanzan estas acusaciones olvidan que dicho Acuerdo de Paz contaba con el apoyo y participación de toda la "comunidad internacional", incluido Washington, poco amigo de las FARC-EP y de los comunistas. De hecho uno de los puntos del Acuerdo de Paz explica concretamente que los "crímenes de lesa humanidad" o "crímenes de guerra" que se hubiesen cometido por ambas partes (Estado y guerrilla) no iban a quedar impunes y serían susceptibles de ser investigados por la Justicia, lo cual recibió el elogio de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional que calificó el Acuerdo como un "logro histórico para Colombia". ¿Por qué no se insistió lo suficiente en mostrarle esta realidad al pueblo colombiano para desenmascarar a los farsantes?
 
La Fiscal de la CPI afirmó en su comunicación que recibió “con satisfacción que el texto final del acuerdo de paz excluye amnistías e indultos para crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra bajo el Estatuto de Roma”. (...) “el acuerdo de paz reconoce el lugar central de las víctimas en el proceso y sus legítimas aspiraciones de justicia. Estas aspiraciones deben ser atendidas plenamente, a través de medidas que aseguren que los responsables de sus sufrimientos sean genuinamente puestos a disposición de la justicia”. [El Tiempo, 1/9/2016]

En Colombia, o al menos en las grandes ciudades, triunfaron los eslóganes sin fundamento que agitan el odio y las bajas pasiones, que es la especialidad de la extrema derecha y de los medios de comunicación corruptos que les siguen el juego. Es este sector de la oligarquía empresarial y la extrema derecha política colombiana quienes temen que se aplique la "Justicia Transicional". Son ellos precisamente quienes más trapos sucios tienen que esconder y a quienes la justicia debería juzgar en primer lugar como financiadores de los grupos paramilitares, que utilizan como escuadrones de la muerte para saquear las tierras de los campesinos y eliminar a la disidencia política. Son estos sectores fascistas, encabezados políticamente por Álvaro Uribe, quienes pretenden garantizar su impunidad boicoteando el proceso de Paz en Colombia. Quienes denuncian con argumentos falsos la "impunidad de las FARC-EP" sólo pretenden esconder sus propios crímenes. De momento han ganado esta primera batalla. "Por ahora", que diría Hugo Chávez.
 
Lo que se pretende es que los crímenes de los financiadores de la guerra queden en la completa impunidad y no se conozca ni una parte de los numerosos delitos de que son responsables. No cabe lugar para preguntarse sobre los culpables corporativos del asesinato de tres mil sindicalistas, entre los que se encuentran transnacionales del banano (La Chiquita Brands), del carbón (La Drumond), de las bebidas y alimentos (Coca-Cola y Nestlé) (...) Para que no se conozca ni siquiera una parte de la verdad sobre la participación directa de los empresarios en el conflicto interno de nuestro país es que se está organizando esa campaña de auto-victimización, en donde los que han financiado y armado ejércitos paraestatales ahora aparecen como unos mansos e indefensos corderos, que no rompen ni un plato. [La paz de los empresarios,- Renán Vega Cantor]
 
Decía el libertador Simón Bolívar que "un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción". Por desgracia, muchas décadas después, la vigencia de sus palabras resulta inapelable.  
 


sábado, 14 de mayo de 2016

UN GOLPE PARLAMENTARIO EN BRASIL, UN GOBIERNO CORPORATIVO IMPUESTO, Y UN GOLPE ECONÓMICO A LOS BRICS

 
Sin fundamento jurídico, puesto que no está imputada en ninguna causa, y en contra de lo que la propia Constitución brasileña recoge, puesto que no se ha demostrado "delito de responsabilidad" por su parte, la presidenta Dilma Rousseff ha sido expulsada de su cargo, siguiendo un procedimiento "legal" parecido al que sufrieron Manuel Zelaya en Honduras (con la participación de Hillary Clinton) o Fernando Lugo en Paraguay. Se aprovecha una posible irregularidad contable, llamada "pedaleo fiscal" en Brasil, y que todos los gobiernos anteriores también realizaron sin que nadie dijera nada, para arremeter contra Dilma Rousseff acusándola de corrupción. En resumen se trata de expulsar de su cargo a un presidente elegido democráticamente antes de cumplir su mandato, y reemplazarlo por alguien que no ha pasado por el filtro popular de las urnas y que va a imponer un programa político y económico que los ciudadanos no han elegido.
 
En este tipo de procesos parlamentarios, aún en el caso de que cumplieran todos los requisitos legales (que en el caso de Brasil no se cumplen) para llevar a cabo un juicio político o impeachment contra un presidente electo, la falta de legitimidad democrática del ejecutivo entrante resulta clamorosa. Y mucho más cuando ese nuevo gobierno tiene la capacidad de aprobar o derogar leyes a su antojo. De hecho Michel Temer, apenas 24 horas después de ocupar su nuevo cargo, anunció que se van a producir "recortes del gasto público" y "reformas estructurales" en Brasil. El ministro de Economía, Henrique Meirelles (que fue presidente del Banco Central con Lula), anunció "medidas duras" para equilibrar las cuentas públicas. Se esperan privatizaciones, subidas de impuestos, privatización de las pensiones, recortes sociales, despido de funcionarios públicos... Es decir, que sin que los brasileños lo hayan votado se les va a imponer un paquetazo neoliberal al estilo del viejo Consenso de Washington - como el que ya realizara Fernando Henrique Cardoso en Brasil o el que está aplicando ahora Mauricio Macri en Argentina -, siguiendo las directrices del mismo poder económico local y exterior que lo ha puesto en su cargo. No en vano para eso se dio este golpe parlamentario-judicial-mediático. El diario neoliberal El País lo reconocía sin disimulos: "Michel Temer forma un gabinete para calmar a los mercados"
 
Habrá quien argumente que los diputados que han aprobado el "juicio político" primero en la Cámara y después en el Senado, han sido elegidos en las urnas por los brasileños. Pero este argumento se cae por su propio peso, puesto que cuando estos diputados y sus respectivos partidos políticos se presentaron a las elecciones en 2014 no llevaban en ninguno de sus programas electorales, ni tampoco afirmaron públicamente en ninguna parte, que llevarían a cabo este "golpe parlamentario" ni que aplicarían los recortes públicos y sociales que ahora se anuncian. Por tanto, legitimidad democrática.... ninguna.
 
Si además de todo esto tenemos en cuenta qué personajes y grupos de poder apoyaron e impulsaron este golpe suave, podemos entender un poco mejor cuál es la finalidad de este proceso contra el gobierno de Rousseff, que dicho sea de paso, no era precisamente un gobierno "comunista" o "marxista" como algunos afirman para justificar este golpe basándose en una supuesta debacle de la economía. El golpe ha sido encabezado por políticos corruptos, como el ya expresidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha, quien tiene cuentas bancarias en Suiza  y está imputado por la Fiscalía acusado de recibir "sobornos" y de "lavado de dinero" en relación con el caso "Petrobas". Detrás de él se sitúan diversos sectores de la extrema derecha brasileña, como los diputados de la llamada "bancada Buey, Biblia y Bala", con fuertes vínculos con el sector de la agroindustria, la Iglesia y empresas de la seguridad privada y la venta de armas. El actual presidente no electo Michel Temer ha sido acusado de estar involucrado en la compra ilegal de etanol. Pero este otro dato habla por sí mismo: La inmensa mayoría de los diputados brasileños que votaron en la Cámara de Diputados a favor del "impeachment" contra Rousseff el pasado mes de abril, tienen causas pendientes con la Justicia: en concreto 35 de los 38 diputados que votaron contra la presidenta.
 
"En conjunto, el 60 por ciento de los 594 miembros del Congreso de Brasil enfrentan cargos como recepción de sobornos, fraude electoral, deforestación ilegal o secuestro y homicidio, de acuerdo con Transparency Brazil, un grupo de revisión de casos de corrupción". (New York Times, 15 de abril de 2016) 
 
Hasta un diario como el New York Times, que apoya cualquier injerencia de EE.UU. en Latinoamérica, reconoció que Dilma Rousseff estaba siendo "juzgada por una banda de ladrones". parece increíble que esto ocurra, pero el nuevo gobierno no electo democráticamente de Brasil cuenta con siete ministros que están siendo investigados por corrupción. Ahora imaginemos que esto mismo ocurriera en el gobierno de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Rusia,... 
 
Este golpe parlamentario lo ejecutaron políticos corruptos pagados por las grandes empresas nacionales y trasnacionales (como Syngenta, Monsanto, Goldman Sachs,...) y supervisados por Washington, como ocurre en todos los golpes militares, económicos o parlamentarios sufridos en América Latina en los últimos 50 años. Es un gobierno creado por y para las corporaciones. Un gobierno que el pueblo no ha elegido, un gobierno corporativo.
 
[Recomiendo este artículo sobre los lazos entre la corrupta oposición brasileña y Washington, escrito por Glenn Greenwald, Andrew Fishman y David Miranda: US Complicity? After Vote to Remove Brazil’s President, Key Opposition Figure Holds Meetings in Washington]
 
Para dejar las cosas aún más claras, WikiLeaks revelaba este viernes 13 de mayo que el nuevo presidente corporativo Michel Temer fue informante de la embajada de EE.UU. en Brasil, "según  figura en un documento enviado desde São Paulo (Brasil) con destino al Comando Sur de EE.UU., con sede cercana a Miami", informaba RT. También es de conocimiento público el viaje que el presidente del Comité de Relaciones Exteriores de Brasil, el senador derechista Aloysio Nunes (PSDB) investigado también por corrupción, realizó a Washington el día después de que la Cámara Baja del Congreso aprobara el impeachment contra Rousseff para reunirse con varios funcionarios estadounidenses y con asesores de Hillary Clinton, entre ellos con Tom Shannon, la persona más influyente sobre América Latina del Departamento de Estado. Viajó, como pueden imaginar, para rendir cuentas de lo ocurrido y recibir nuevas instrucciones.
 
"En la campaña electoral de 2014 Aecio Neves - un inútil y corrupto figurón de la oligarquía “mineira”- candidato presidencial del PSDB, se comprometió si ganaba la elección, a nombrar como ministro de “fazenda” a Armínio Fraga, funcionario destacado del Grupo de los 30, el principal organismo financiero privado neoliberal estadounidense e inventor de los “derivados de crédito”, que llevaron a la crisis económica 2007-08, aún no superada. Fraga es un personaje de triste memoria para los asiáticos, pues como gestor del Fondo Soros, ejecutó un ataque especulativo contra Tailandia en 1997, que otorgó al capital financiero un lucro de más de 700 mil millones de dólares. Es decir, Neves se comprometía a entregar la conducción de la economía brasileña en manos de un funcionario sin escrúpulos de la élite económica del capital financiero internacional y socio de Soros". [El programa de gobierno de la banda de ladrones,- Resumen Latinoamericano, 11/5/2016] 

A los sucesivos gobiernos de Brasil que con el respaldo del Partido de los Trabajadores han conseguido reducir la pobreza y la desigualdad de forma rotunda en la última década, se les debe también reprochar, además de la gran corrupción estatal existente, el haber permitido que las grandes corporaciones y los terratenientes y burguesías locales siguieran teniendo un enorme peso y poder en la economía y en la política de Brasil. Establecer lazos o alianzas políticas con el enemigo para tratar de "calmar a los mercados" tampoco ayudó mucho. La socialdemocracia acaba engullida por los monstruos a los que alimenta, ya sea en América Latina o en Europa. Los problemas de Brasil no derivan, pues, de un "excesivo gasto público y social" o de un "tamaño insostenible del Estado", argumentos que los neoliberales suelen utilizar a menudo, como bien sabemos en España, sino de dejar la economía en manos de los enemigos de una verdadera democracia popular.

Mirando hacia fuera de Brasil, todo indica que este golpe afectará a la región y a la unidad de las instituciones suramericanas independientes de Washington, como Mercosur, CELAC, Unasur... donde Brasil ejercía de potencia regional y de centro de gravedad económico y político para otros países. Tras la conquista neoliberal de Argentina y Brasil, se incrementará la presión y la injerencia exterior contra Venezuela; después vendrán Ecuador, Bolivia, Nicaragua... Se esperan nuevos golpes con el apoyo político, económico y mediático de Occidente.
 
En términos geopolíticos más amplios, algunos lúcidos analistas, como por ejemplo Pepe Escobar o Paul Craig Roberts entre otros muchos, han señalado que más allá de las ambiciones de poder de la derecha golpista brasileña y las oligarquías locales, detrás del golpe suave que ha apartado a Dilma Rousseff de la presidencia, están las intenciones de EE.UU. y sus vasallos europeos de asestar un duro golpe a los BRICS para tratar de frenar su crecimiento como bloque alternativo a Occidente en el plano financiero, económico y político a nivel mundial.
 
Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (cuyo gobierno también denuncia un golpe planeado por Washington) están en el punto de mira del "Imperio del Caos". Estas potencias emergentes, que representan el 42% de la población del planeta y alrededor del 29% del PIB mundial, suponen actualmente un peligro real para la hegemonía de EE.UU. en el "tablero de ajedrez" global. Juntos han creado instituciones financieras alternativas al FMI y al Banco Mundial controlados por Wall Street, así como acuerdos claves en el plano militar, comercial, político y económico. Por no hablar de la creación del "petroyuan", que acabaría con la "dolarización" de la economía mundial.
 
"En conclusión, la hostilidad de los dirigentes de Estados Unidos y la Unión Europea contra el Gobierno de Vladímir Putin precipitó el fortalecimiento de la mancuerna energética ruso-china que a su vez, no hizo sino incrementar la preponderancia de Oriente en el mercado mundial de hidrocarburos. La gran apuesta de Moscú y Pekín es el petroyuan, el instrumento de pagos de carácter estratégico que tiene por delante el desafío de acabar con el dominio del dólar en la fijación de los precios del oro negro." [El 'petroyuan' es la gran apuesta de Rusia y China,- del economista Ariel Noyola Rodríguez]
 
Tras la creación, crecimiento y el fortalecimiento de los BRICS existe un choque de intereses entre aquellas potencias (y los países aliados de ambos bloques) que ven el mundo de forma unilateral y pretenden seguir imponiendo su "gobernanza económica global" por la fuerza, y aquellas otras que tienen una visión multipolar del mundo basada en el respeto a la soberanía de los Estados y el principio de no injerencia.
 
El actual golpe parlamentario en Brasil, el anterior golpe de Estado llevado a cabo por los neonazis en Ucrania, la injustificable expansión militar de la OTAN cercando a Rusia y a China, la guerra terrorista contra Siria, la guerra de los precios del petróleo, las sanciones económicas, o incluso los "papeles de Panamá" forman parte de la Guerra Híbrida que EE.UU. y Occidente están librando para intentar mantener a cualquier precio al mundo bajo sus pies. Los muertos inocentes que se quedan por el camino son "daños colaterales".